“Jugar, de alguna manera, es recortar un trozo del mundo”

Francesco Tonucci brindó la última conferencia de la serie. “Más juego, más movimiento: más infancia” ante un auditorio repleto de docentes, alumnos, funcionarios, bibliotecarios, pedagogos y especialistas en Primera Infancia y en Educación.

Francesco Tonucci
Francesco Tonucci

“Los niños valen por lo que son. Tienen derecho el presente más que al futuro. Claro que si consideramos a los niños por lo que son, se volverá incomodo: se tornarán como nosotros. Si aceptamos que los niños serán adultos en algún momento, que solo hay que esperar que crezcan, estará todo bien. En cambio, si consideramos que los niños son ahora, por lo que son, por lo que valen en estos momentos, se convertirá en un problema serio que nos puede crear muchos conflictos pues son muy diferentes a nosotros”. El salón Alfredo Bravo del Palacio Sarmiento –un espacio enorme, con títulos de maestros–, en el Ministerio de Educación de la Nación, se colmó el lunes por la tarde con más de 700 docentes, alumnos, pedagogos, funcionarios, bibliotecarios y especialistas en Primera Infancia y Educación que escucharon atentamente las palabras del prestigioso pedagogo italiano Francesco Tonucci por más de dos horas.
El pedagogo llegó a la Argentina invitado por Fundación Arcor para brindar una serie de conferencias y encuentros con docentes y especialistas en Córdoba, Arroyito, Villa Mercedes (San Luis) y Buenos Aires, en Argentina, y Santiago, en Chile. En Buenos Aires la charla fue organizada de manera conjunta con el Ministerio de Educación de la Nación a través de la Biblioteca Nacional de Maestros –que depende de la Subsecretaría de Equidad y Calidad Educativa– y el Programa Corporativo Regional de Inversión Social Escuela en Movimiento que lleva adelante Fundación Arcor y Grupo Arcor. La conferencia, comenzó con las palabras de la directora de la Biblioteca Nacional de Maestros, Graciela Perrone, el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, el subsecretario de Equidad y Calidad Educativa, Gabriel Brener, y el gerente de Fundación Arcor, Santos Lío, quienes destacaron la obra de Tonucci y el valor del juego y el movimiento en la Primera Infancia.
En primer lugar, Perrone destacó la relación que la Biblioteca Nacional de Maestros mantiene con Fundación Arcor por su revista Por Escrito. También se refirió a una conversación que mantuvo con “Frato” donde relevaron “la importancia del nacimiento de los lectores y el milagro de la lectura” y los nuevos ambientes que habrá que diseñar para que la escuela sea un ámbito propicio para que los niños y las niñas se consoliden como lectores para toda la vida. “Hay varios pasos importantes en la lectura y la cultura de un niño: la formación de la biblioteca escolar, la biblioteca pública y el ambiente que rodea a estos espacios, y como dice nuestro querido invitado, en los laboratorios que funcionan en las librerías de la comunidad”, refirió la especialista.
El gerente de Fundación Arcor, por su lado, se detuvo en la labor del pedagogo italiano y su paso por Argentina y Chile, sumado a las actividades que emprendió Fundación Arcor junto al Ministerio de Educación de la Nación en una serie de acciones conjuntas que llevan adelante desde hace algunos años. Poco después, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, detalló de qué manera la obra de Tonucci “nos ayuda a pensar” y también destacó el rol que cumplen las empresas –como Grupo Arcor que tomaron como propio el concepto de Responsabilidad Social Empresaria y trabajan en conjunto con el Estado para la Primera Infancia. “Yo creo que las empresas han mutado y que, desde el concepto de beneficencia y de caridad, mudaron a uno más profundo relacionado con el de la Responsabilidad Social Empresaria, porque no es posible que a una empresa le pueda ir bien en una sociedad donde sus habitantes no estén bien. Fundación Arcor ha trabajado –y sigue trabajando– en este sentido y ha posibilitado que Francesco nos acompañe en ese territorio maravillosamente fértil que es la infancia porque los derechos de los niños se construyen todos los días”, pensó el funcionario.
En el inicio mismo de la conferencia, la licenciada y profesora en Sociología, Cristina Diéguez, desde su rol de docente, destacó la importancia de educar en el juego como una tarea fundamental que debe retomar la escuela pública y, además, reflexionó: “El recreo escolar aparece como una temporalidad carente de importancia para los adultos pero que produce una gran felicidad en la mayoría de los usuarios: los niños. Ese tiempo no está contemplado en el hacer pedagógico. En cambio, el hecho de educar en el juego nos propondrá un territorio de ensanchamiento de fronteras”. Viviana Valiño, una de las especialistas de la Dirección de Educación Inicial del Ministerio de Educación, por su parte, retomó la idea del juego en los jardines de infantes y en cómo los chicos posibilitan propuestas –y saberes– que traen desde la casa por parte de sus familias. También en la labor que llevan adelante –en relación al juego y el cuerpo–donde se aúnan estrategias de trabajo nacionales a través de las políticas públicas sostenidas desde el mismo Estado.
Tras esta serie de presentaciones, poco después, Tonucci dio inicio a su conferencia. Entre sus primeras palabras propuso una nueva mirada hacia el derecho a jugar de los niños, a través de una interpelación hacia los adultos sobre las oportunidades genuinas que tienen los niños y las niñas en relación al juego y al movimiento. me gusta pensar que el juego, el movimiento y la infancia son sinónimos: todos se necesitan o incluyen al otro. El juego es una experiencia que aparentemente no tiene una vinculación o un objetivo claro, no es que el niño quiere llegar a alguna parte, si no que lo importante es moverse hacia, el mismo juego es el camino”.
Más tarde, el pedagogo italiano se preguntó acerca de la importancia de las ciudades con relación al juego, la infancia y el movimiento. “La ciudad debería proponerse como un lugar de juego. Esto es, una ciudad será profundamente democrática y saludable si cada uno de sus ciudadanos puede llevar adelante sus derechos: Entre los derechos de los niños se incluye al juego”. En unos pocos meses –recordó además– se celebrarán los 25 años de la Convención de los Derechos del Niño. “Se trata de una fecha muy importante, que nos permite reflexionar sobre algunas cosas de esta ley fundamental de la civilización, porque en ciertos aspectos continúa siendo una norma profundamente desconocida y no se puede trabajar abiertamente sobre lo que uno no conoce”. En ese sentido, Tonucci detalló que hay dos derechos de la Convención que repercuten en la infancia y condicionan su desarrollo en distintos aspectos: “El primero es el que asegura que los niños tienen derecho a una educación formal. En segundo término, el Artículo 31, donde refiere que los niños tienen derecho al juego. Esto equipara a estos artículos, ya que debería ser una experiencia de igual peso e importancia: la escuela y el juego. Sin embargo, habitualmente esto no es así. Los niños lo saben muy bien”.
Tonucci entonces se preguntó: “¿Por qué podemos decir que el juego es más importante que la escuela?” y, poco después, respondió: “Tal como dice un gran escritor italiano, Cesar Pavese, mientras el adulto juega para divertirse, el niño juega para jugar. Hay una diferencia de naturaleza y de gracia. Einstein, por su parte, dice que el juego es la instancia más alta de investigación. Será, en esta temporalidad donde el niño se dará cuenta de los principios básicos donde después se construirán los verbos, los mapas, todos los conocimientos, pero la entrada en esta dimensión fundamental se hará en los primeros días de vida, en las primeras semanas, desde su nacimiento. Por eso será tan importante la construcción de estos cimientos, de la misma manera que se construye un palacio. Sin embargo, al mirar una construcción, nadie comenta qué buenos cimientos que tiene: solo vemos lo que está en la superficie, en el exterior. Sin embargo, yo creo que el motor de todo esto será el juego. Solo de este modo el niño podrá desarrollar sus cimientos y ese enorme patrimonio que será su base para la educación. Los niños tienen que jugar si queremos que crezcan de manera saludable”.
“Frato” reflexionó también acerca de qué es jugar, por qué es importante el tiempo libre, la elección de los juegos y el rol fundamental del riesgo frente a este modo de aprendizaje: “Yo creo que jugar, de alguna manera, es recortar un trozo del mundo. Es una acción de intervención libre. Si no tengo posibilidades, las invento: por eso el juego es tan poderoso. También permite que los niños sean los protagonistas de las experiencias de descubrimiento y, por eso, puedo aprovechar además de uno de los motores más poderosos que tenemos los humanos: el placer. El juego es una experiencia de placer, por eso nos gusta tanto, por eso no se cansa, un niño puede perder el sentido del tiempo al olvidarse de comer, de hacer pipí, porque son experiencias fuertes como pocas cosas en el mundo. La escuela, muchas veces, no puede tener esta posibilidad. Este recorte no lo hace el alumno si no el maestro, que ofrece un trocito del mundo (donde los estudiantes pueden manejar muy poco). Por eso, el motor que debe utilizar la escuela es el del deber, no del placer. Yo estoy seguro que los niños, al jugar, aprenden mucho más de lo que nosotros podemos imaginar. Por eso es tan importante respetar el juego”.
Por último, con imágenes e ilustraciones destacó una lista de “los buenos juguetes”, donde sin demasiado dinero ni trabajo, los niños pueden jugar y divertirse como pocos. “El verbo jugar no se puede conjugar con el verbo controlar, vigilar o acompañar. Es complicado, es difícil, pero hay que dejar que los niños jueguen en libertad. No podemos llevar a un niño, todos los días, al mismo lugar para que juegue. Así como tampoco podemos llenar de juguetes a nuestros niños. Para jugar hay que tener pocos juguetes. Lo importante es permitirle un tiempo libre y con amigos. Lo preocupante hoy es que los niños no pueden salir de sus casas. Esto es un verdadero problema porque los niños, si no salen de casa, no corren riesgos. Sin embargo, el hecho de correr riesgos es esencial para el crecimiento. Solo enfrentándonos con el riesgo podremos elaborar y desarrollar estrategias que no servirán para vivir. Será para poner a prueba sus capacidades, si hoy puede más que ayer. Las nuevas tecnologías no puede substituir esto de forma virtual: en una primera etapa de la vida, la experiencia debe ser real, concreta, física. Los niños tienen que encontrarse, explorarse, tocarse, ensuciarse para poder crecer”.

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