Crecer entre fronteras

Las historias de tres niños misioneros y sus contradicciones culturales es el tema del artículo “Infancias de fronteras”, de Elena Maidana. Una nota para aportar a la reflexión, pues el 14 de marzo se celebró el Día de las Escuelas de Frontera.

Construyendo una realidad - Andrea Genoves
Construyendo una realidad - Andrea Genoves

Andy, Jorge y Ava’í son tres niños que crecieron en los límites de fronteras, y por tanto, entre los puntos de encuentro y diferencia de los lenguajes y las prácticas culturales. Elena Maidana - magíster en Antropología por la Universidad Nacional de Misiones y profesora en dicha institución- analiza cómo es atravesar la infancia en ese contexto en el artículo “Infancias de fronteras”, publicado en el libro Infancias Varios Mundos: Infancias de Latinoamérica, un cuadro de situación. Se trata de una material realizado conjuntamente Fundación Arcor y Fundación Walter Benjamin.
“En la frontera el Estado-Nación nunca ha estado ausente. Hace a las contradictorias condiciones que signan la vida en esos bordes. Por eso, el ser parte de la Nación como ‘comunidad imaginada’ ha sido para algunos una elección y para otros una condena”, explica la investigadora.  En la nota, presenta la experiencia de infancias y familias de la provincia de Misiones (Argentina), limítrofe con Paraguay y Brasil.  
Una de las historias es la de Andy, de Montecarlo, ciudad fundada por alemanes sobre el Paraná. Su papá es de ascendencia alemana y japonesa, su mamá, también alemana. En su casa, circula la lengua alemana, pero la madre la utiliza para hablar cosas que los chicos no pueden escuchar. En cambio, su abuela nunca le habló japonés, y de vez en cuando habla las palabras en guaraní que aprendió para cocinar. Andy y sus hermanos hablan el castellano: “Por ser la lengua oficial es la única que les asegura la integración vertical a un Estado-Nación con pretensiones monolingües, la que les confiere carta de ciudadanía”, indica Maidana. Sin embargo, su cotidianeidad está plagada de costumbres y prácticas asociadas a la diversidad cultural de su familia. Por ejemplo, disfruta del sukiyaki que luego come con palillos en potecitos con arroz. “Por todo eso, y más, Andy crece entre fronteras reforzando el castellano, olvidando el alemán, ignorando el guaraní”, concluye la autora esta historia.  
Encontrá las otras historias y el análisis completo de la autora, haciendo click aquí.

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